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A Méntrida, como a la mayoría de los pueblos, le falta la propia partida de nacimiento en orden a certificar su paternidad y primeros pasos en su andadura histórica. Incluso, existen referencias documentadas de la villa que no han sido suficientemente divulgadas, siendo numerosas las personas, principalmente jóvenes estudiantes, las que acuden a la parroquia en demanda de información local, al no existir publicación alguna al respecto. (¿Cuando verá la luz la Historia que dejó escrita el querido y admirado D. Antonio Jiménez-Landi?).

Para satisfacer estos legítimos deseos, ofrecemos los siguientes apuntes históricos, alusivos principalmente a su época antigua, que a lo largo de más de veinte años, hemos ido acumulando, -tanto de la villa como de su templo parroquial-, procedentes de muy diversos archivos, sin más pretensiones que divulgar algunos aspectos noticiosos de nuestro pueblo, dejando otros datos para momento más propicio o para pluma más competente.
Berciana y Alamín, orígenes remotos de Méntrida.
En la actual dehesa de Berciana, a unos tres kilómetros de Méntrida, se asentaba en tiempos pasados una población de origen antiguo. El nombre de Berciana, pudiera proceder etimológicamente del antroponímico Bercius, de raíz céltica. En la época de la dominación romana unos dicen que se llamaba Bercicalia y otros sostienen que era conocida con el nombre de Barnacis, siendo urbe importante en territorio romano carpetano.

Las únicas huellas conocidas por nosotros que atestiguan su existencia son los numerosos restos arqueológicos hallados en amplias zonas del monte. Allí se han encontrado objetos de épocas pasadas como restos de cerámica, tejas, utensilios, monedas con inscripción de emperadores romanos, piedras dedicadas a difuntos bercicalienses, siendo posible descubrir hoy cimientos de argamasa y piedras toscas, como la descubierta en 1694, de tres varas de altura, que fue troceada para peanas de las cruces del calvario, hoy en la explanada de la ermita, y como la estela funeraria con leyenda latina –ahora en el museo de Santa Cruz de Toledo- que nosotros mismos localizamos en 1981.

La vinculación de Méntrida con Berciana ha sido siempre una constante histórica. De hecho, el primer dato documentado referido a nuestro pueblo lo encontramos en el llamado arroyo de Méntrida (hoy arroyo de Berciana), que se cita en la carta de donación del rey Alfonso VIII, fechada el 12 de diciembre de 1208, para ampliar los límites jurisdiccionales del concejo segoviano, haciéndolos pasar por el citado arroyo. Relacionadas con Berciana están nuestras mejores tradiciones religiosas y populares, que arrancan del aparecimiento de Nuestra Señora la Virgen María en aquella tierra en 1270, siendo visitada desde entonces cada veinticinco de abril por el vecindario que acompaña a la imagen en piadosa romería escoltada por los “sargentos” y danzantes. Berciana para los mentridanos es el símbolo de sus valores espirituales y del esfuerzo por la defensa de su medio vital.

El ocaso de aquella antigua población se iniciaría a partir de la llegada de los musulmanes, aunque no quedó despoblada hasta finales del siglo XV, en cuya fecha el duque del Infantado autorizó a los escasos habitantes su traslado a Méntrida:“que antiguamente había un pueblo allí y se mudó a esta villa, y la causa fue porque era allí jurisdicción y aldea de Segovia, y el Duque dio favor para se mudar “.

Al decaimiento de Berciana sucede el progreso de una ciudad árabe, en la ribera izquierda del río Alberche, conocida con el nombre de Alfahmín, Alhamín, o Alamín, fortalecida con murallas y castillo, para dominar la ruta de Castilla la Vieja a Toledo, constituyendo un estratégico punto militar. El geógrafo y escritor Edrisí (1100-1162) presenta a Alamín como villa bien poblada, abastecida de comercios, calles y edificios notables, dos mezquitas, murallas y un fuerte castillo. El vecindario estaba sujeto a los reyes moros toledanos hasta el año 930 en que su alcaide se rindió a Abderramáo III, junto con Toledo, con cuyo acto los territorios árabes toledanos pasaron a depender del Califato de Córdoba.
La comarca de Alamín, tierra de realengo (1085-1180).
Cuando el rey Alfonso VI reconquistó la ciudad de Toledo el 25 de mayo de 1085, Alamín con su comarca pasan a ser propiedad del monarca cristiano, formando parte del extenso alfoz toledano. Una de sus grandes prioridades fue poblar y cristianizar la zona, escasamente habitada, trayendo gentes procedentes del norte, -de la cuenca del Duero y de Francia-, que fueron estableciéndose en la misma fortaleza de Alamín y luego en sus alrededores, siguiendo el criterio regio de aumentar primeramente el número de habitantes de las poblaciones existentes, para formar concejos más consolidados, a los que el rey concedía grandes privilegios en las Cartas Pueblas o Fueros particulares, como fue el Fuero General de Toledo, otorgado por Alfonso VII el 16-XI-1118 beneficiando a diferentes poblaciones castellanas, entre ellas Alamín, que envió siete representantes, -uno de ellos era mozárabe-, para firmar el documento.

Con el fin de estimular los asentamientos, era común distribuir el suelo en quintos, entregando a cada vecino la porción de tierra que pudiera cultivar con yuntas de bueyes -yugada-, además de otros derechos sobre aprovechamientos comunales de pastos, caza, pesca, etc. La tierra laborable llevaba aneja la carga de servicios y tributos –pechos- a favor de la comunidad concejil o del dueño. La repoblación solía hacerse a partir de aldeas, granjas o alquerías, cuyos escasos vecinos estaban gobernados por un concejo y agrupados en una parroquia.

Muchos de los actuales pueblos tienen su origen en los años posteriores a la reconquista, –siglos XII y XIII- formándose con gentes que viven en casas de labranza y cabañas de pastores, buscando siempre los lugares en donde abundase el agua.

Pensamos que los fundadores de nuestro pueblo se asentaron en esta tierra –abundante en agua- promediado el siglo XII, pues ya en 1180 la aldea es donada al arzobispado de Toledo. Todo parece indicar que Méntrida surgió como aldea y parroquia sujeta civil y eclesiásticamente al Alamín, a cuyo paso histórico caminará unida en lo sucesivo, siendo el único pueblo que dependió siempre del castillo y de sus respectivos dueños, desde su origen hasta la abolición de los señoríos.

Alamín, y por tanto Méntrida, perteneció a la Corona de Castilla, (1085 a 1180), al Arzobispado de Toledo (1180 a 1436), a Don Álvaro de Luna y Doña Juana Pimentel (1436 a 1484) y a los duques del Infantado (1484 hasta el siglo XIX).

Los cristianos llegados de otros lugares se unieron al reducido grupo de habitantes de Alamín y convivieron con las comunidades cristianas, musulmanas y judías. En los momentos difíciles, principalmente en las incursiones enemigas, los aldeanos se refugian en el castillo para defenderse, como ocurrió en 1131 en que los almorávides irrumpieron en la zona, muriendo en una emboscada el alcaide de Toledo, Gutierre Hermenegíldez, o cuando los reyes moros de Córdoba y Sevilla –Azuel y Abenceta-, penetran hasta el mismo castillo, produciendo grandes destrozos. Estas algaradas de musulmanes eran frecuentes en todo el territorio toledano y no cesaron hasta la batalla de las Navas de Tolosa (1212) en que fueron vencidos por las tropas cristianas y alejados hacia el sur.

La Iglesia de Alamín aparece ya citada en 1127, junto con quince poblaciones importantes en una bula del papa Honorio II en que se confirman los límites de la diócesis de Toledo. Y poco después los papas Eugenio III, Alejandro III, Urbano III y Celestino III aluden a la feligresía de Alfamín en sendos documentos pontificios.
Méntrida, Señorío Eclesiástico (1180-1436).
La tarea de repoblar y administrar los extensos territorios conquistados por los reyes no era fácil por falta de gentes y recursos, obligando a éstos recurrir en muchas ocasiones a la Nobleza, a las Órdenes Militares o la Iglesia, haciéndoles donaciones de terrenos para recompensar los servicios prestados por acciones bélicas o de otro tipo. Los colonos debían pagar a su señor determinados tributos e impuestos y ceder una parte- la séptima o la novena generalmente por los productos de los campos, y el diezmo a la Iglesia, que solía cobrarse en especie por los silleros.

En virtud de una carta de donación, firmada por el rey Alfonso VIII el 7 mayo de 1180, el territorio de Alamín con sus aldeas, tierras y aguas son cedidas a su maestro don Cerebruno de Poitiers, arzobispo de Toledo y a sus sucesores: Dono itaque vobis et concedo castellum quod dicitur Alfamin, cum ingressibus et egresibus, cum terminis et frontariis, cum aldeis, terris et aquis.... El mismo monarca y su esposa Leonor, en 1184, confirman a la iglesia metropolitana de Toledo la donación de Alamín y sus aldeas. Y parece ser que desde entonces comenzó a llamarse la población Santa María de Alfamín.

Las tierras donadas al arzobispado formaban una especie de circunferencia, de unos 200 kilómetros cuadrados, que comprendían Alamín con los actuales pueblos de Villa del Prado y Méntrida y nueve despoblados.

En 1218 el arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada entrega en préstamo vitalicio a fray Gonzalo García, familiar del papa Honorio III, el castillo de Alamín con sus tierras y aldeas. A su muerte los bienes cedidos volverían al arzobispado.
Primera referencia documentada de Méntrida.
Desconocemos la razón del porqué nuestro pueblo fue bautizado con el topónimo de Méntrida, de tan dudosa etimología. La primera mención la encontramos en un documento real, denominado de la “bolsilla”, fechado en Segovia el 12 de diciembre de 1208 por el que Alfonso VIII amplía el alfoz segoviano, haciendo pasar el lindero de la zona sur por el arroyo de Méntrida, con lo que una buena parte de la actual configuración de la dehesa de Berciana queda en la jurisdicción de Segovia y el pueblo de Méntrida en la de Toledo: El arroyo de Tozara, según baja la Sierra y llega al Alberche, el arroyo de Méntrida hasta el Alberche, la vía antigua que pasa por Mazalba, Montrueque y Torre de Esteban Hambrán, hasta la vía de Annafaguera y Fuente del Madero...

El citado arroyo se le conoce hoy con el nombre de arroyo de Berciana, pues recorre la dehesa, de este a oeste, para desembocar en el Alberche. Y no es de extrañar que en el documento aparezca como arroyo de Méntrida, dado que la población más cercana era nuestro pueblo y los límites se establecían siguiendo los accidentes geográficos, como ríos, montes, arroyos, poblaciones, etc.

El concejo segoviano, muy favorecido por los monarcas, amplió su jurisdicción en amplias extensiones de las actuales provincias de Madrid y Toledo, cuyas tierras eran aprovechadas para su explotación agrícola y ganadera, lo que daba lugar a numerosos enfrentamientos entre los colonos limítrofes, a causa de la imprecisión de los límites.
Aparición de Nuestra Señora en el monte de Berciana.
Una inmemorial tradición fija en los días 24 y 25 de abril de 1270 la aparición al pastor Pablo Tardío de una imagen de la Virgen María, que habría sido escondida por la comunidad cristiana de Berciana, allá por el año 719, por temor a que fuera profanada ante la invasión árabe con intención de recuperarla en fechas más propicias.

La imagen fue traída con toda solemnidad a Méntrida y colocada en la primitiva parroquia de Santa María, siendo venerada primeramente con el título de Santa María de Berciana, para luego recibir culto con la advocación de Nuestra Señora de la Natividad. Catorce años después, don Braulio Gómez, ejerciendo de teniente cura, escribió el relato del aparecimiento.

Aquel suceso influyó social y religiosamente en la pacífica vida aldeana, pues de los alrededores afluían devotos a rezar ante la milagrosa imagen. Desde entonces, cada 25 de abril, la venerada imagen es conducida procesionalmente en típica romería al monte de su aparición, en cumplimiento de un antiguo voto, en número creciente de devotos, que admiran las viejas costumbres de la fiesta, que ha merecido ser declarada de Interés Turístico Regional.

Por aquellos tiempos, la aldea contaba con sólo cincuenta pobladores, gobernados con un elemental concejo compuesto por Lope Rodríguez y Faustino Gómez, bajo los cuidados espirituales de un teniente cura –don Fortunato Vidal – y un padre de misa –don Antonio Moreno. Sus rústicas casitas se agrupaban en torno a parroquia de Santa María, en el barrio viejo, y su alimento básico eran los productos del campo junto con la pesca y la caza mayor que sobreabundaba en la zona, como nos refiere el Libro de la Montería, de Alfonso XI.

A mediados del siglo XIV aparece la llamada Peste Negra, seguida de otros rebotes que perduran hasta bien entrado el siglo XV, causando la muerte de numerosas personas. Hubo lugares en la meseta castellana en que sucumbieron tres personas de cada cuatro. Los poblados de Berciana, Navazarza, Linares, Montrueque, El Carpio. Mazalba, Medianedo, Tras Casares y Villarejo casi desaparecieron; las familias de los supervivientes buscaron su nueva residencia en otras poblaciones más cercanas como eran Méntrida, La Torre y El Prado.

Es muy probable que por esta época se edificara la pequeña ermita dedicada a San Sebastián, protector de los apestados, situándola en las afueras de la localidad, camino de Alamín, sobre el montículo que ocupa hoy la iglesia parroquial.
Méntrida, Señorío de Don Álvaro de Luna (1436-1460).
El rey Juan II tuvo en mucho aprecio a su consejero Don Álvaro de Luna, favoreciéndole con muchas prebendas, llegando a poseer la mayoría de las villas y aldeas situadas al norte de la provincia toledana, con pueblos de la actual Ávila y Madrid, estableciendo en 1438 su corte en el castillo de Escalona, su villa preferida.

Nada se le ponía delante al ambicioso Condestable con tal de ensanchar su señorío. Una vez que compró en 1436 La Torre de Esteban Hambrán al Conde de Fuensalida, se propuso anexionar a sus dominios el castillo de Alamín con Méntrida y El Prado, que eran propiedad del señorío eclesiástico, a lo que se opuso el arzobispado. Bajo el pretexto de que cesarían los continuos conflictos entre los colonos a causa de los linderos, otorgada la licencia y facultad del rey Juan II, coaccionó al cabildo y al arzobispo, que a la sazón era su hermano don Juan de Cerezuela, y logró la autorización del papa Eugenio IV, quien por medio de una bula mandó al obispo de Osma, consejero de rey, llevar a cabo una información detallada del terreno y sus gentes.

En representación del arzobispo y cabildo catedralicio, recorrieron estas tierras dos canónigos, el doctor Alfonso González de Sotomayor y don Juan López, acompañados del notario don Francisco Fernández y algunos criados, que constataron que el territorio limitaba con Escalona, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos, y La Torre, propiedades de Don Álvaro, y por otra parte con tierras segovianas, vinculadas al rey, y con Camarena, perteneciente al señorío arzobispal.

La comitiva se personó en el Prado, Alamín y Méntrida para tomar declaración a los vecinos, según cuestionario, dejándonos noticias de los lugares visitados y de sus pobladores:

... en dicho término de Alamín están poblados El Prado e Méntrida, e que puede haber en estos dos lugares hasta ciento treinta vecinos (El Prado con 111 y Méntrida con 18), poco más o menos, e que en estos pueblos puede haber ocho huérfanos e soldados, poco más o menos... E despoblados estos que siguen: Navazarza, Medianedo, Trascazares, Linares, Villarejo, Montrueque, el Carpio e Mazalba. E que el dicho lugar de Medianedo e Navazarza están cerca del término entre Alhamín e Escalona... que oyó decir que en otro tiempo en Navazarza había sesenta vecinos... El dicho lugar de Linares cerca del término de Maqueda. Montrueque, cerca de La Torre de Esteban Hambrán. E otro sí dijo que este lugar de La Torre sabe que está en término del dicho Alhamín, e que siempre oyó decir que no tiene otro término salvo el sitio del lugar... Que al ir a Alhamín, los dichos señores e por mí el notario e testigos pasaron por un vado que está cerca de quince pilares buenos del puente que hizo Don Pedro Tenorio, pero que ya no tenían madera para poder pasar... Que en el camino de Alhamín hacia Méntrida, cerca del dicho Castillo, a la mano derecha, estaba una horca de palo de Justicia por la que paresce tener jurisdicción por sí el dicho castillo.
Los 18 vecinos de la aldea en 1436.
En el extenso documento del trueque figuran los siguientes 18 vecinos que por aquel entonces habitaban en el lugar de Méntrida: Juan Nieto, Pero (Pedro) Ximénez, Juan García Pastor, Andrés Fernández, Domingo Fernández, Juan García Robledano, Martín García, el viejo, Bartolomé Rodríguez, Juan Carnicero García, Alfonso Antón (Antonio) García, Pero Sánchez, Miguel Sánchez, Juan Luengo, Antón Jiménez, Urraca (María) Sánchez, Alfonso Fernández, un escusado y Juan de San Martín Montero.

La escritura de la permuta fue concertada en quarenta mil maravedís de renta de cada un año de juro de heredad, quedando firmada en julio de 1436. Se dice que la Huerta de la Alcurnia, en las proximidades de Toledo, fue del Maestre don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla, y que la dio al arzobispo don Juan de Cerezuela, su hermano, con ciertos maravedís de juro, en trueque de la tierra de Alamín, que era del arzobispo. A mediados del siglo XVI el cardenal Silíceo denunciaría el trueque, alegando incumplimiento y engaño, pero no prosperó por la muerte del prelado.

El Condestable disfrutó poco tiempo de sus nuevos dominios, pues en 1453 muere decapitado en Valladolid siéndole confiscados todos sus bienes por el rey Juan II y luego devueltos a su viuda Juana Pimentel, condesa de Santisteban,
Méntrida, Señorío del Duque del Infantado. 1460-Siglo XIX. Declaración de villa
María de Luna, hija de Don Álvaro y de Doña Juana casó en 1460 con Don Íñigo López de Mendoza, segundo Duque del Infantado, llevando como dote Alamín, Berciana, Méntrida, La Torre, El Prado y otras muchas propiedades, confirmadas en documentos de 1461 y en el llamado Mayorazgo de Luna de 1484. Este patrimonio, unido a los inmensos bienes del duque hizo que la Casa del Infantado alcanzase un grandioso poderío, formado por 800 villas y lugares, 90.000 vasallos y unos 120.000 ducados de renta anuales.

Con los nuevos dueños el castillo acentuó su decadencia, y los pueblos de su jurisdicción -El Prado, La Torre y Méntrida- adquieren más protagonismo al ser declarados villas: El Duque “viendo las molestias que se hacían a los dichos tres pueblos en ir dos leguas al castillo a determinar las causas, hizo a todos tres pueblos, La Torre, Méntrida y El Prado, a cada una villa de por sí, y dióles el privilegio que al presente tienen, y este privilegio de villa dicen que no fue con licencia real y háse disimulado, y en esta posesión están de villas”.
La Picota, símbolo de jurisdicción
Desde trece de mayo de mil cuatrocientos ochenta y cinco, en que los dichos Excelentísimos Señores Don Íñigo López de Mendoza y Doña María de Luna, por su privilegio, declararon a esta villa( de Méntrida), por tal, y con dicha jurisdicción en todos los límites y mojones de dicho término de Alamín, con las preheminencias, prerrogativas, libertades y exenciones correspondientes... pertenece a dicha villa de Méntrida el uso de jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio en todo el término de dicho castillo de Alamín, por todos los límites y mojones de él, con todos los aprovechamientos... Y se obligaron a que nunca se les sería quitado ni vedado por sus Excelencias, ni por otro alguno de sus señores en ningún tiempo...

A partir de esta declaración, cada villa adquirió facultad para levantar su propio Rollo o Picota, símbolo de libertad municipal e insignia de jurisdicción civil y criminal. En Méntrida estuvo colocada a la entrada principal de la villa, al sur del pueblo, entre las calles Baluarte y Picota, hasta años antes de la guerra civil de 1936, en que fue derrumbada, conservándose aún dos piedras que han sido rescatadas para montar una nueva picota en su primitivo emplazamiento, en el año 2001.

El concejo mentridano quedó constituido por dos alcaldes ordinarios y seis jurados, dos de los mayores, dos de los medianos y dos de los menores, nombrados por el duque anualmente, a propuesta de los vecinos.

Las nuevas villas obtienen licencia para roturar los montes y labrarlos, mediante el pago del diezmo a la casa ducal, que luego el cardenal Cisneros lo aplicó a la Capilla de los Mozárabes de Toledo, al ganar el pleito interpuesto por el cardenal Mendoza.

“Convinieron las villas del Prado, La Torre y Méntrida en que cada una tuviese jurisdicción privativa en el casco de su respectiva población, y de ejercerla a prevención en todos los términos, quedando el aprovechamiento de los pastos común a los tres pueblos”.

El 20 de mayo de 1523 por escritura otorgada en Guadalajara la villa de Méntrida recibió en censo enfitéutico de Don Diego Hurtado de Mendoza y Luna, poseedor del mayorazgo de Luna, las hierbas y pastos de las dehesas de Mazalba y el Romeral por un precio anual de 53.500 maravedíes, quedando prohibido hacer carbón, cortar y talar encinas.

El décimo duque, don Juan de Dios Silva Sandoval y Mendoza de la Vega y Luna edifica en Méntrida una casa-palacio, residiendo en la misma largas temporadas, apartado de la corte. Aquí nacieron y fueron bautizadas dos de sus hijas, en 1708 y 1710. La primera casó con el conde de Luna, primogénito el conde de Benavente, y en segundas nupcias con el conde de Arcos. En 1700 cede, renuncia y traspasa a su villa de Méntrida, para siempre jamás, todo el uso y ejercicio de jurisdicción civil criminal de Navallera y aumenta los derechos que tenían los mentridanos sobre las dehesas de Mazalba y el Romeral con todo el dominio, directo y útil del monte, alto bajo de leña, carbón, fruto de bellota, pastos...

Las Cortes de Cádiz, el 6 de agosto de 1811, abolieron los señoríos jurisdiccionales, siendo incorporados a la corona y quedando los títulos nobiliarios como vinculaciones honoríficas de carácter familiar.

Al morir sin descendencia Don Pedro Alcántara de Toledo Silva y Mendoza, XIII duque del Infantado, las propiedades de Alamín pasan en 1841 al ducado de Osuna recayendo en su sobrino Don Pedro de Alcántara Téllez Girón, XI duque de Osuna. Años más tarde, por real orden de 17 de abril de 1846, Alamín quedó vinculado al término jurisdiccional de Santa Cruz del Retamar a todos los efectos legales,

En 1886 se vendió una parte del terreno a vecinos de Santa Cruz del Retamar y el resto con los despojos del castillo al primer marqués de Comillas, recibiéndolo después su hijo D. Claudio López y Brú y los sucesivos marqueses de Comillas, quienes han sido sus dueños hasta el año 1999 en que el sexto marqués de Comillas, vendió en lotes todos los terrenos de la margen izquierda del río Alberche, incluido el lugar de la antigua fortaleza.
Decadencia de Alamín
La población de Alamín sufrió un duro golpe en 1357 cuando Pedro I el Cruel ordenó destrucción del castillo. El disparate quedó enmendado por el arzobispo don Pedro Tenorio en 1397 con su reedificación y con el acierto de construir un robusto puente sobre el río Alberche para facilitar el paso entre Toledo y Castilla la Vieja. Pero aaños después fueron destruidos sus quince pilares por don Álvaro de Luna, con el único fin de obligar a los transeúntes de ambas Castillas a cruzar por un nuevo puente construido en Escalona, acentuándose así más la decadencia de Alamín, que concluye en 1485 con la declaración de villas de los tres pueblo sujetos a su jurisdicción, ausentándose las escasas personas que allí habitaban.

El licenciado D. Antonio Rosales de Pernia, cura propio de La Torre, Méntrida y Lugares Despoblados, en las Relaciones Topográficas de Felipe II, relata así el ocaso del castillo de Alamín: “Después de hechos estos tres pueblos villas, como se quitó la calidad del castillo de Alhamín de ir a juzgar en él por no tener tanta costa el Duque del Infantado quitó el alcaide que solía tener y quedóse despoblado, y estando despoblado era receptáculo y acogida de ladrones y salteadores, y como la tierra era montuosa hacíanse malos recados y daños, hurtos y muertes, y sabido por el duque y habida información de ello mandólo derribar, y en continente en una mañana dicen que amanesció derrocado por la gente (de) todas las tres villas porque no hobiese algún impedimento en el derrocar y hay hombres villanos que se acuerdan de verlo derribar que no dejaron ni el cimiento y unas bóvedas que tenía de tierra que hoy día están “.

Algunas de aquellas piedras y ladrillos vinieron a parar a la iglesia parroquial de Méntrida, con licencia concedida por la duquesa Doña María de Luna, según consta en el primer inventario de 1504.
La compra de Berciana
En 1497 los duques cedieron a los tres pueblos a censo perpetuo el usufructo de las leñas y frutos del monte, que dividieron entre sí, correspondiendo a Méntrida la dehesa de Berciana, mediante el pago anual de 6.000 maravedí y 250 gallinas.

Y aunque fijaron los limites respectivos, no cesaron los litigios entre agri­cultores. Hacía el año 1509 se produjo un pleito entre Méntrida y Villa del Prado sobre los pastos de la ribera del Alberche, que el concejo del duque declaró favorable a Méntrida. La Torre pleiteó desde 1624 a 1669 con los duques del Infantado y Villa el Prado sobre su demarcación territorial. Méntrida sostuvo otro largo pleito, desde 1568 a 1615, sobre el aprovechamiento de Berciana, ganado por la villa a los marqueses de Montes Claros y a la ciudad de Segovia.

Por testamento de Doña. María de Luna – año 1505- la villa de Méntrida quedó incluida en el mayorazgo creado en favor de su hijo mayor, Diego Hurtado de Mendoza, y Berciana pasó a su sobrina Doña Guiomar Carrillo quien por vía de mayorazgo heredará su hijo Don Rodrigo Mendoza y Luna. Sus sucesores tomaron el título de Marqueses de Montes Claros.

Los conflictos que desde muy antiguo mantuvieron los vecinos de Méntrida con la ciudad de Segovia y los propietarios de la dehesa de Berciana eran muy continuos y eran reavivados siempre que se procedía a colocar los mojones jurisdiccionales, dando lugar a duros enfrentamientos como aquel motín de 1608, en el que participaron más de 80 hombres, provistos de escopetas, arcabuces y otras armas ofensivas, que salieron al encuentro de un reducido grupo de personas, enviadas por el concejo segoviano para realizar el amojonamiento, quienes ante tal situación optaron por la huída, momento que aprovecharon los mentridanos para colocar nuevos mojones. Molesto el concejo de Segovia por esta acción presentó denuncia ante los tribunales regios, que sentenciaron severos castigos para 25 vecinos de los amotinados, que sufrieron en el interrogatorio vejaciones y malos tratos, teniéndoles presos con grillos y cadenas, y llamándoles pícaros y bellacos perjuros.

Todos los litigios quedaron prácticamente dirimidos con la adquisición del monte de Berciana. Ello suponía no sólo la exclusiva pertenencia para su aprovechamiento material sino también la complacencia general de poseer para siempre aquellas tierras donde fue hallada la imagen de la Patrona y disfrutar en paz su anual romería.

Las gestiones para la compra se iniciaron el 1 de marzo de 1631 en la reunión que tuvo lugar en el ayuntamiento, con la presencia de los dos alcaldes ordinarios, el familiar del santo oficio, el teniente de corregidor, dos regidores, dos alcaldes de la santa hermandad, cinco jurados del ayuntamiento, el procurador general, y el mayordomo de la señora duquesa del Infantado, a los que acompañaban 131 vecinos más.

Después de exponer las razones que aconsejaban la compra del monte a los marqueses de Montes Claros, -que se hallaban muy dispuestos a la venta-, todos los asistentes prestaron su consentimiento, otorgando suficientes poderes a cuatro de los asistentes para actuar ante los representantes de los marqueses de Montes Claros, Luis Fernández Bocanegra y su mujer Francisca Mendoza y Luna, facultándoles hipotecar la misma dehesa, junto con las propiedades y rentas del concejo entre los que figuraban las casas de la carnecería, graneros, ayuntamiento, alameda, prado juncal, dehesa boyal, montes concejiles, etc.-

Entre los presentes se ofrecieron 22 vecinos para aportar su dinero hasta llegar a los 17.000 ducados con la intención de hipotecar parte de sus bienes, como las casas de sus moradas, viñas, majuelos, fanegas de tierra, mesón, herrén, olivares, etc. A cambio el concejo les garantizó la explotación del monte durante diez años y a todos los vecinos les aseguró la facultad de poder pastar en la finca durante otros diez años mediante el reducido cobro anual de un real y medio por cabeza de ganado mayor, y medio real por el menor-

La escritura quedó firmada en Madrid el 22 de mayo de 1631 por el precio de veinte mil ducados, que deberían abonarse a los marqueses de Montes Claros, más mil ducados de réditos pagaderos la mitad en junio y la otra mitad en diciembre de cada año hasta redimir el censo, aunque el coste total subiría dos ducados más por la tramitación de las escrituras. Finalmente el documento de la adquisición fue aprobado y confirmado por el Consejo Real de la Cámara de S. M. en febrero de 1632 atento -el rey- que la dicha villa nos ha servido y nos sirve con el sueldo de tres soldados para la dotación de los Presidios de nuestros Reinos pagados por los seis años de ella...
Proceso demográfico
La población mentridana experimentó un notable aumento a finales del siglo XV, a partir de ser declarada villa, rondando el millar de habitantes para doblarlo en 1576 con más de 500 vecinos, según las Relaciones Topográficas de Felipe II (unos 2.000 habitantes que viven en 480 casas).

Con la peste bubónica del verano de 1599 es posible que muriesen cerca de mil personas. De hecho la natalidad descendió a la mitad de su nivel habitual, como queda comprobado con los 81 bautizados en 1598 y los 44 de 1599. Otro punto de referencia puede ser los 609 feligreses que reciben el sacramento de la confirmación en 1590 y los 33 en el año 1603.

Entre 1600 a 1699 se registran 53 bautizos como promedio anual: unos 400 vecinos (1.600 habitantes).

De 1700 a 1749 la media anual de niños bautizados es de 65: unos 450 vecinos (1.800 habitantes).

Entre 1750 a 1800 el término medio de bautismos se incrementa hasta 93 niños cada año: unos 700 vecinos (unos 2800 habitantes). En el Catastro del Marqués de la Ensenada leemos que el vecindario lo componían 2.434 habitantes, que habitaban en 542 casas.

Entre 1800-1899 tenemos un promedio anual de 102 bautismos, unas 3.000 personas. En la primera mitad del siglo XX descienden a 57 la media anual de bautizados. Y en la segunda mitad el término medio anual es de 17 bautismos.

En la actualidad cuenta con 2200 habitantes censados, estimándose que residen otros tantos no empadronados, que ocupan 750 casas en el casco urbano y algo más de mil casas en la veintena de urbanizaciones surgidas dentro de su jurisdicción.
Edificios
El más emblemático es el Templo Parroquial, de línea renacentista, del siglo XVI. Llama la atención su esbelta torre rematada en airoso chapitel. En su interior se conserva un amplio artesonado mudéjar, interesantes retablos y esculturas, antiguos ornamentos y objetos para el culto, magnífico órgano de mueble barroco, etc. Recientemente ha sido rehabilitado en la mayor parte de sus estructuras.

El templo ha merecido ser catalogado como Monumento Histórico-Artístico Nacional.

La Ermita de Ntra. Sra. de la Natividad es de mediados del siglo XVII, de estilo barroco, centro de peregrinación de los mentridanos que visitan constantemente a la amada Patrona, situada con su trono dentro de un retablo barroco del siglo XVII

La Ermita de Berciana se encuentra a unos cuatro kilómetros, lugar de la aparición de Ntra. Señora en 1270, punto de cita con la Madre en su célebre Romería de cada 25 de Abril.

La Ermita del Sagrado Corazón, es un sencillo edificio de principios del siglo XX, en la Plaza Grande.
Lugares cívicos
Destaca la Plaza Grande, típico y bello rincón, teniendo a sus lados el Ayuntamiento y la Casa del Pósito, reconstruida el siglo XVIII, hoy Casa de la Cultura, la Plazuela de la Iglesia, dedicada a Fray Alonso de Méntrida, misionero en Filipinas, La Plaza Chica, el Cerro del Castillejo, agujereado por antiguas cuevas, en cuyas tripudas tinajas se mantenía el buen vino de la tierra, que ha dado lugar a que sea clasificado con denominación de origen Méntrida, las calles estrechas y empinadas con sus recovecos y casas solariegas, la Alameda, con sus paseos y jardines, los puentes de S. Roque, del Caño, las fuentes, de la Rosa, del Clavel, de la Mina, del Caño el Pinote, el Camino del Prado, Cruz de Silva y Cruz de Gabriel Rodríguez. Otros edificios públicos son el Matadero Municipal, edificado en 1927, Grupo Escolar, en 1952, el reciente Polideportivo, etc.
Fiestas y Costumbres
Los Reyes Magos. En la noche del día 5 de Enero vienen representándose desde 1980, en la Plaza Grande, las escenas evangélicas del Nacimiento y de los Reyes Magos con entrega de regalos a los niños.

San Antón. En la víspera del día 17 de Enero, precediendo el toque de campanas, se encienden grandes luminarias en las calles. En tiempos pasados esta fiesta era muy popular.

La fiesta de San Sebastián, patrono de la villa, es celebrada desde la víspera con el repique de campanas y el encendido de enormes fogatas en la Plaza Grande y calles, en torno a las cuales los vecinos saborean los ricos asados y el vino rancio de la tierra. El día 20 se celebra una misa y la procesión con la imagen del santo mártir que va adornada con ramas y frutas, acompaña de la banda de música. Acabada la procesión, el Ayuntamiento invita nuevamente al vecindario a limonada con tostones. Antiguamente era la hermandad del santo la que corría a cargo de la fiesta con la participación de los danzantes, y en ocasiones representaban alguna obra teatral.

Las procesiones de Semana Santa son muy concurridas. En tiempos antiguos se encargaban de solemnizar la Semana Santa tres cofradías: La Sacramental (1557), San Juan Bautista conocida como los Mancebos (1619), con la de Ánimas y Veracruz (1657). Cada una aportaba las actuaciones peculiares de su asociación, según las propias ordenanzas. De la Hermandad de los Mancebos permanece la intervención del capitán, alférez, trompetistas y tamborileros en la Procesión del Encuentro con el Resucitado, que se celebra en la plaza Grande. El día de la Resurrección era costumbre comer el frito, que consiste en desayunar tres torreznos y dos huevos fritos por persona.

Poner el mayo. Todos los años, después de la Vigilia Pascual del Sábado de Gloria, los quintos levantan un árbol pelado, muy alto y derecho adornado con la bandera española y otros aderezos. Al acto acude la mayoría de los vecinos que contemplan la arriesgada subida y lo celebran con tirada de cohetes y aplausos.

Barrer la vega. La inmemorial costumbre de caminar a Berciana el día 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, conocida como barrer la vega, es muy concurrida, particularmente por la gente joven, en cuya jornada ejecutan en torno a la ermita distintos juegos y diversiones, quedando acotado el sitio que ocupará cada familia en la romería de San Marcos. Desde hace unos años se viene celebrando esta tradición el domingo más próximo al citado día 25 de marzo.

Las fiestas de abril se celebran en los días 24, 25, 26 y 27 de dicho mes, en honor de la Patrona Nuestra Señora de la Natividad, siendo la Romería al monte de Berciana del día 25, la más tradicional, repitiéndose desde hace siglos, por voto solemne del Concejo. La imagen camina rodeada de músicos, danzantes y sargentos vestidos con la clásica indumentaria hasta llegar a la ermita de Berciana, en donde se oficia la Misa y luego se ejecutan la "Muestra de Sargentos y Danzantes" con sus tradicionales "dichos". Los miles de romeros, allí congregados, comparten el excelente vino rancio y los sabrosos manjares de la tierra. La romería ha sido declarada de Interés Turístico Regional.

La celebración tiene su antes y después con actuaciones culturales y religiosas muy tradicionales en los días 26 y 27 llamados "San Marquitos y San Marcazos.

El sábado anterior al primer domingo de mayo, la imagen de la Natividad sale de su ermita para ser conducida procesionalmente al templo parroquial acompañada en esta ocasión, además de la mayordomía y danzantes, por niños pequeños vestidos de ángeles en brazos de sus madres, ataviados a lo nazareno, o imitando la vestimenta de San Juan Bautista. En la tarde del domingo regresará a la ermita con la misma vistosidad y concurrencia.

La Fiesta de San Isidro la organiza los labradores y ganaderos comenzando la víspera con la actuación de concursos de arada con tractores y bailes populares en los que el pueblo es convidado a tostones y limonada. El día 15 de Mayo, después de la Misa y procesión se reanuda en la Plaza Chica el convite y el baile.

El día del Corpus Christi se festeja en Méntrida con especial solemnidad. Desde hace algunos años, en la Plaza Grande, bellamente adornada, se confeccionan hermosas alfombras de vistosos colores, alusivas a la Eucaristía. El Santísimo expuesto en la grandiosa custodia, montada en la carroza, recorre las calles, acompañado de numeroso público y de los Danzantes y Sargentos.

El 8 de Septiembre, Natividad de la Virgen, era antiguamente la festividad más importante para honrar a la Patrona. En la actualidad ha perdido mucho de vistosidad con la ausencia de los danzantes, limitándose al traslado procesional de la santa imagen a la parroquia en la víspera, solemne concelebración eucarística y procesión del día 8.

Se intenta recuperar las costumbres de tiempos pasados. De hecho, el año pasado dos tamborileros y dos trompetistas, ataviados con sus respectivas vestimentas, acompañaron al Capitán y al Abanderado de la Hermandad en las procesiones. El próximo paso podría ser la intervención de un grupo de danzantes mayores

Han permanecido, incluso aumentado, las corridas de toros en los días 9, 10 y 11 de septiembre. Últimamente han surgido las Peñas que hacen su ofrenda floral a la Patrona en la víspera de la fiesta, después de la Procesión con lucida participación y vistosidad.

Fiestas de Navidad. Desde hace algo más de veinte años se escenifican en la iglesia parroquial algunas escenas evangélicas del Nacimiento de Jesús en las que participan niños y jóvenes.

Fiestas antiguas. En tiempos pasados cada una de las cofradías celebraban sus propias fiestas en las que participaba todo el pueblo. La cofradía de la Pura y Limpia Concepción, organizaba sus fiestas en los días 8 de diciembre, 2 de febrero, 15 de agosto y 25 de diciembre. La del Rosario y Dulce Nombre de Jesús, el 7 de octubre y uno de enero. La Misericordia, el domingo infraoctava del Nacimiento de la Virgen. La cofradía de la Natividad, el 8 de septiembre y el 20 de enero. La de Forasteros, el 25 de abril y el Dulce Nombre de María. La Sacramental, el día del Corpus, Jueves Santo y terceros domingos. Los Mancebos, el 24 de Junio y principales solemnidades de la Virgen. La Veracruz y Ánimas, el 3 de mayo y 2 de noviembre.
Hijos ilustres
Fray Alonso de Méntrida. Alonso Luengo Pérez nace en 1574. Ingresó en el convento que los Agustinos tenían en Casarrubios del Monte, profesando como religioso en la Orden en 1590, para luego marchar a Filipinas como misionero en 1597. Ejerció los oficios de maestro de novicios, prior, definidor, examinador, visitador, y en 1623 es elegido prior provincial, el más alto cargo para el gobierno de todos los conventos. Pero la vocación del padre Méntrida era el apostolado entre los indios bisayas, a quienes se entregó por completo para su promoción humana y espiritual, siendo, además de un celoso misionero, un colonizador y fundador de pueblos indígenas, conocido con el nombre del “apóstol” de los bisayas. Era un hombre de alto nivel cultural, sobresaliendo en el conocimiento de las ciencias filosóficas y teológicas, junto con otros ramos del saber como la filología, literatura, oratoria, biología, agricultura, etc. Se le conoce como el “Demóstones y Cicerón de los bisayas”. La mayor parte de sus obras las escribió en bisaya. Murió en 1637 en el convento de Manila “en opinión de santo y espíritu de profecía y milagros”. Su pueblo natal le dedicó en 1994 la plazoleta de la iglesia con una placa.

Josefa Prado Rodríguez. Nació en 1701. Profesó en el convento de Santa María del Corpus Christi de las Madres Carmelitas de Alcalá de Henares, tomando el nombre de Madre Josefa de San Joaquín, siendo elegida para el cargo de priora. Fue religiosa muy virtuosa, destacando en su dedicación a la oración, paciencia, humildad, obediencia, mortificación y caridad. Murió a los 58 años de edad el l8 de Noviembre de 1760, “en grande opinión de santidad”.

Teresa Silva y Mendoza de los Ríos Zapata y Guzmán. Hija de los décimos duques del Infantado, D. Juan de Dios y Doña María Teresa, residentes en Méntrida, en cuya villa nace y es bautizada en 1708, Fue condesa de Saldaña y casó con el conde de Luna, primogénito del conde de Benavente, y en segundas nupcias con el duque de Arcos.

Enrique Guiloche Bonet. En 1874 nace este militar mentridano, hijo del médico titular de la villa. Obtuvo la graduación de teniente en la Academia de Artillería de Segovia y es ascendido a capitán en l906, siendo destinado a Comandancia de Artillería de Melilla. Fue condecorado en repetidas ocasiones por sus servicios. Murió heroicamente el 18 de julio de 1909 defendiendo las baterías de los cañones ante la invasión mora en el campamento de Sidi Hamet el Hach. A título póstumo le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando, máxima recompensa militar.

Eulogio Jiménez Sánchez. Nacido el año 1834 es considerado como uno de los mejores matemáticos españoles del siglo XIX. Doctorado en ciencias y licenciado en derecho, ingresó en el Observatorio Astronómico de Madrid, contribuyendo a la renovación de los estudios de las matemáticas y de la Geometría Sintética - o de la Posición- en nuestro país. En 1872 la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales premió con medalla de oro su monumental obra Teoría de los Números, uno de los mejores textos de análisis matemático de su tiempo. Fue también autor de algunos manuales de química agrícola, etc. Gestionó la construcción de la primera carretera que comunicaba el pueblo con Villamanta, cuyo coste pagado por los vecinos ascendió a 206.401,95 pesetas. Murió en 1884, a los cincuenta años. Sus paisanos levantaron a su memoria un sencillo monumento y le dedicaron en 1927 la calle donde nació.

Manuel Jiménez Delgado. Nace en 1787. Militar de profesión. Peleó valientemente contra la invasión de los franceses en la defensa de Cádiz y Almaraz. En 1813 es nombrado director del Parque de la ciudad de Guatemala, para pasar después a Nicaruaga con el grado de comandante, consiguiendo notables éxitos en multitud de combates en aquellas naciones, que luchaban por su independencia. Regresó a España en 1821, tomando parte contra las tropas realistas. Por sus ideas liberales es separado del ejército, pero a la muerte de Fernando VII, es nombrado Director de la Fábrica de Armas de Toledo. Fue Comandante General de la Armada en Valencia. Estaba en posesión de la Cruz de San Fernando, de Isabel la Católica, de San Hermenegildo y otras condecoraciones. Murió en Méntrida el 29-4-1848, en la calle de Don Urbán, hoy Lepanto.

María del Carmen Jiménez Moral. Nace en 1844, en las Cuatro calles, hija de Antonio y María. En 1876, a los 32 años, tomó el hábito trinitario de monja en el convento de San Ildefonso de Madrid y adopta el nombre de Sor Carmen del Santísimo Sacramento. Prolífera escritora de temas sociales y religiosos con 313 publicaciones que ha localizado su biógrafo D. Carlos Bordallo en su tesina, en la que llega decir que “estamos ante una de las más notables escritoras del siglo XIX español, de tanto más valor cuanto que además se trata de una monja de clausura, de salud frágil y con grandes limitaciones a la hora de dedicarse a las labores periodísticas”. Muere el año 1923 a los 78, de neumonía, y fue enterrada en el mismo convento.

Joaquín González García. Nace en 1860, de origen muy humildes, pero con su esfuerzo y cualidades intelectuales llegó a ser un ilustre catedrático de la Escuela Superior de Veterinaria. El Ayuntamiento le dedicó en 1927 la antigua calle llamada Madrid.

Ángel Morán Otero. Nació en 1901. Estudió en el Seminario de Toledo y en la Universidad gregoriana de Roma en donde recibió el doctorado en derecho canónico. Ejerció altos cargos en la Curia Diocesana, siendo profesor en el Seminario y en el Instituto de Enseñanza Media de Toledo, canónigo con la dignidad de Maestrescuela de la Catedral. Fue un notable orador sagrado. Colaboró en la adquisición de la nueva imagen de la Natividad, de su corona y trono de plata. Al morir en 1975 dejó sus bienes para una Fundación benéfica que lleva su nombre.

Fidel Gómez Colomo. Nació en 1902. Recibió la ordenación sacerdotal en Toledo en 1925, obteniendo el doctorado en Teología y Derecho Canónico. Llegó a desempeñar el cargo Capellán Mayor de la Armada. Adornado de excelentes cualidades personales, promovió con todo entusiasmo la compra de la nueva imagen para Nuestra Señora de la Natividad con su corona y trono de plata, que fueron estrenados en 1950. Murió en 1980.

Félix Arranz Esteban. Nacido en Peñaranda de Duero (Burgos) en 1903, pero afincado en Méntrida desde 1926. Propietario. Aplicó sus conocimientos agrícolas al cultivo del viñedo. Inició y defendió, la denominación de origen de nuestros vinos con el nombre de Méntrida, junto con D. Pedro Cuadrado Franco, promotor de la actual cooperativa de vinos. Hizo famosas en toda España a sus “Mulillas de Méntrida” en las corridas de toros. Murió en 1994. El Ayuntamiento le tributó en 1997 un homenaje popular con la dedicación de una calle y lápida en la casa donde vivió.

Francisco Maganto López. Nació en 1910. Hijo de Fernando y Andrea. Músico. Catedrático de Flauta del Real Conservatorio Superior de Música, de Madrid. Profesor fundador y flauta solista de la Orquesta Nacional de España. Murió en 1989.

Antonio Jiménez-Landi Martínez. Aunque nacido en Madrid en 1909, sus ascendientes eran mentridanos, y a Méntrida llamaba “su pueblo”. Profesaba un verdadero amor por el patrimonio y tradiciones mentridanas. Desde su cargo de Consejero Local de Cultura defendió la preservación del casco histórico y gestionó la declaración del templo parroquial como Monumento Histórico-Artístico Nacional. Era un hombre polifacético: poeta, historiador, dibujante, aficionado a la arquitectura, escritor, conferenciante, licenciado en Filosofía y Letras, etc. Escribió multitud de obras que forman una buena colección de libros infantiles, como la colección El globo de colores de la Editorial Aguilar, y otras publicaciones de tema histórico. Algunos de sus libros fueron traducidos a otros idiomas y consiguieron premios nacionales e internacionales. Pero su gran obra son cuatro voluminosos libros, con más de tres mil páginas, titulados La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente, que mereció el 29 de octubre de 1997 el Premio Nacional de Historia, por parte del Ministerio de Educación y Ciencia.
Fue un hombre de profundas convicciones religiosas, practicante, muy humilde, tolerante, particularmente devoto de la Virgen de la Natividad. Colaboró en la adquisición de la nueva imagen, corona y trono de plata, para cuyo estreno escribió en 1950 el libro Nuestra Señora de la Natividad y su culto en la villa de Méntrida. Es autor de las letras de Cantos de la Novena a la Virgen y del Himno a Nuestra Señora de la Natividad, cuya música compuso D. Mariano Torres Rodríguez, sacristán organista.. Diseñó el escudo de la villa. Dejó dos obras inéditas: Poema de Méntrida e Historia de Méntrida. Murió el 16 de marzo de 1997 siendo enterrado en Méntrida.
Fuentes.
Para documentar el estudio de investigación de esta reseña han sido consultados, entre otros, los siguientes archivos:
ARCHIVO DIOCESANO DE TOLEDO

Visitas: 1647.
Relaciones del cardenal Lorenzana de 1789.


ARCHIVO CATEDRAL DE TOLEDO.

V. 10.A.1.38.; X.2.B.2.4


ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL.

Osuna: Leg. 998, 2.641, 2.554.
Consejos: Leg. 11.531, 1.547.


ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO

Protocolos: 5.458, 5.438.


ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS

Cámara de Castilla. Leg. 2101.
Registro General del Sello. Febrero/1632.


ARCHIVO MUNICIPAL DE SEGOVIA

Becerro, fol. 25.
Legajos, 17, 26l, 262.


ARCHIVO PARROQUIAL DE MÉNTRIDA

ARCHIVO PARROQUIAL DE LA TORRE DE ESTEBAN HAMBRÁN.

Méntrida, Agosto de 2.002.

Jesús García Cuesta.

Cura Párroco de Méntrida.



Colaboraciones y sugerencias:

colaboraciones@mentrida.com

SUGERENCIAS

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