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N ació en Méntrida el 13 de Septiembre
de 1844, a las seis de la mañana, en la casa número uno de las Cuatro Calles.
Al día siguiente es bautizada por el párroco D. Máximo Díaz Aragón, recibiendo
el nombre de María del Carmen Jacinto. Sus padres, Antonio Jiménez Gordo
y María Sobas del Moral, naturales y vecinos de Méntrida, gozaban de buena situación económica. En su hogar nacerán
tres hijos más: José
Antonio Sebastián en 1847, María Antonio Francisca en 1854 y Antonio Desiderio
en 1857. José Antonio Sebastián casó con Felisa Álvarez Builla Brieva, natural
de Madrid, de cuya unión nacieron siete hijos. Antonio, el más pequeño,
murió en la gripe del año 1918, a escasas horas de su esposa, dejando cuatro
hijos de corta edad; dos de ellos viven actualmente.
El padre de María del Carmen era tenido como persona
culta con fama de ilustrada. Había estudiado durante largos años en el Seminario
de Toledo. Sus amplios conocimientos sobre Gramática, Poesía, Historia,
Aritmética, Geografía, Religión, Astronomía, Filosofía, Música, Literatura
Española y Latina, los transmitió a su hija, que mostraba gran interés y
progresos en los estudios. La pequeña no tuvo otras experiencias culturales
que las proporcionadas por su progenitor, además de las conseguidas en la
escuela pública y las que ella misma adquirió con su afición a la lectura.
Con estos apoyos su nivel cultural despuntaba sobre el porcentaje de analfabetismo
de aquella población mentridana cercana a las tres mil personas, que sólo
disponía de dos escuelas, una de niños en la calle Riego, n° 14 (hoy Eulogio
Jiménez) y otra de niñas en la Plaza de la Constitución, n° 1 (locales del
Ayuntamiento).
Los años de la niñez y juventud los vivió en el ambiente
social propio de aquella época en que se desenvolvía Méntrida, en donde
eran notorias las grandes desigualdades económicas, con unos pocos terratenientes,
que aumentaron su hacienda con la compra de fincas desamortizadas, y en
otra parte hambreaban las masas de jornaleros, pobres e incultos, dedicados
a las labores de la tierra, especialmente al cuidado de las viñas. El vino,
aceite, frutas, uva temprana, higos frescos y secos eran transportados a
Madrid por senderos y caminos de herradura. Los vinos y frutas de Méntrida
eran muy acogidos y celebrados en la Corte.
Participó en la tradicional religiosidad mentridana,
con particular fervor en la devoción a la Virgen de la Natividad, la Patrona,
a la que dedicó varios poemas. Colaboró en la formación de los niños en
la catequesis y en las tareas de la parroquia. La vocación de catequista
aparecerá siempre en todos sus escritos. Fue una persona de oración y de
acción. Su vida espiritual giraba en dos grandes pasiones: la adoración
a la Eucaristía con largos tiempos de oración ante la
presencia real de Cristo en el Sagrario y la devoción a la
Inmaculada, dando como resultado abundantes obras de caridad entre los necesitados.
J unto a
estos dos anhelos estaba la irresistible inquietud por escribir. Sus cualidades
literarias las demostrará en diversos escritos cuando sólo contaba con doce
años. Sin embargo no empezó a publicarlos hasta 1869 en la revista Lo
Voz de España Católico con el título de "El Liberalismo y la Virginidad".
Luego seguirán otros en Lo Esperanzo: "Protesta sobre el despojo
de las Salesas". "Refutación de un libro protestante", "La ciencia, el arte
y el protestantismo" y "Los progresos de la Ciencia se deben a la Religión
Católica".
Pero fue a partir del año 1873, a sus 28 años, cuando
desplegó sus capacidades de escritora en la revista llamada Lo Cruz,
la publicación más antigua y leída en España, América y Filipinas, considerada
de hecho como el órgano oficioso del episcopado español, en cuyas secciones
publicó 32 artículos entre 1873 y 1876.
A la edad de 32 años decide abandonar su pueblo de Méntrida
para ingresar en el convento trinitario de San IIdefonso de Madrid, como
monja de clausura, adoptando el nombre de Sor Carmen del Santísimo Sacramento.
Esto ocurrió el 9 de diciembre de 1876. El hábito se lo entregó el entonces
obispo auxiliar de Toledo, D. Ciriaco MC Sancho. Poco después, el 6 de enero
de 1878, hizo su profesión solemne de manos de D. José Nuevo, cura párroco
de Méntrida.
Su vida en el monasterio de Trinitarias Descalzas la
dedicó a una observancia ejemplar de las reglas conventuales, alternando,
de cuando en cuando, con las divulgaciones literarias, siempre bajo la aprobación
de las Madres Superioras. Un informe nos dice que "Fue religioso de poco
salud, pero humilde, pues necesitando que lo sirviesen por esto causo,
nunca lo consintió, hasta que lo último enfermedad /0 rindió. Tenía
grande amor o lo Eucaristía y no dejó nodo más que un
solo día lo Sagrado Comunión, que fue el que murió, por no estor
en pleno conocimiento. Era esto religioso de instrucción
no común; escribió /as meditaciones de Nuestros Santos Patriarcas,
de nuestro Beato Podre y los demás que están en el mismo libro, y
otros obras. Tuvo los oficios de sacristana y guardo-escucho dos trienios.
Vicario y sacristana desde que fue conventual".
La producción literaria de Sor Carmen del Santísimo Sacramento
la encontramos principalmente en la revista Lo Cruz. A este periódico
envió desde el convento 171 artículos, que sumados a los anteriores hacen
un total de 1430 páginas. Sus otras publicaciones aparecidas en diferentes
medios podríamos encasillarlas en otro tomo de semejante volumen. No parece
excesivo este rendimiento para una persona de larga vida y con tantas cualidades
para escribir, pero las causas habrá que buscarlas en su delicada salud,
en el cumplimiento del régimen conventual yen la obediencia debida a las
superioras que restringen su aportación periodística.
La revista Lo Cruz fue fundada en 1852 por el
toledano don León Carbonero y Sol, ilustre catedrático y ejemplar católico,
que la dirige hasta su muerte en 1902, coincidiendo con el cincuenta aniversario
del nacimiento del periódico religioso.
Con este motivo, su hijo don Manuel escribe una Memoria
de los acontecimientos más señalados en el medio siglo transcurrido junto
con un breve juicio sobre los colaboradores más distinguidos. A Sor Carmen,
única mujer escritora de la revista, dedica el siguiente elogio: "la profunda
y correcta escritora señorita Doña María del Carmen Jiménez, de quien por
justa y debida gratitud debemos hacer también una mención especial. La Cruz
contiene muchos trabajos de la eximia escritora firmados con su nombre y
apellidos desde mayo de 1873 hasta diciembre de 1876, fecha de su ingreso
en el convento de las Trinitarias de Madrid donde profesó el6 de enero de
1878 [...] En 1880 vuelve a honrar las páginas de La Cruz con trabajos firmados
por "Una religiosa trinitaria" y poco después con esta nueva firma: "María
del Carmen del Santísimo Sacramento, Religiosa trinitaria".
El periódico alargó su existencia hasta el año 1916.
Fue precisamente nuestra paisana quien recibió el encargo de redactar la
crónica de despedida. En ella resalta los sesenta y seis años de lucha con
el error, en todas sus formas y los grandes servicios prestados a la Iglesia
yola sociedad, cuyos escritos quedan en los doscientos abultados tomos de
su interesante colección, bendecidos por Pío IX, León XIII, Pío X, Benedicto
XV y por muchos Prelados insignes nacionales, americanos y europeos.
Además de las colaboraciones en La Cruz, escribe
en la "Revista Trinitaria" (22 artículos) y en "El Santo Trisagio"
(85 artículos), destacando el estudio sobre "La mujer ensalzada por el catolicismo",
por el que recibió la siguiente alabanza: "hermosa producción de la insigne
Sor María del Carmen del Santísimo Sacramento, fecunda literata y polemista
en cuya castiza pluma reverdece la tradición gloriosa de las monjas escritoras".
Los escritos de Sor Carmen eran reclamados por los lectores
de la La Cruz, por su amenidad y sencillez en defender los valores
cristianos y las tradicionales costumbres del pueblo español, tan furiosa
mente atacados en aquel periodo de mediados del siglo XIX y primeras décadas
del XX.
Sus 313 artículos podríamos clasificarlos -en lo que
se refiere a su temática- en el siguiente cuadro: 86 defienden las costumbres
cristianas y la espiritualidad, 83 abordan la vida religiosa y las monjas,
39 la mujer y el feminismo, 36 la oración, 32 tratan de la Virgen María,
17 el tema de la Eucaristía y en 27 las diferentes cuestiones de la actualidad.
En el fondo todos ellos intentan la formación cristiana de los lectores
y la unidad católica de España, refutando las opiniones contrarias para
luego demolerlas.
Entre los artículos de la Virgen figuran cuatro dedicados
a la Patrona de Méntrida: "A mi Virgen", "A la Virgen de mi pueblo"
(dos) y "Las imágenes de María Santísima aparecidas en España y Nuestra
Señora de la Natividad en Méntrida".
Muere el12 de mayo de 1923, a los 78 años."Su enfermedad
fue una neumonía (pulmonía) que sufrió con gran resignación
en la voluntad del Señor. Recibió todos los Sacramentos. Así con esta hermosa
disposición y con una admirable tranquilidad, entregó su alma
a la Beatísima Trinidad". Fue enterrada en el mismo convento trinitario,
en cuyo suelo descansan también los restos humanos del insigne escritor
don Miguel de Cervantes y una hija de Lope de Vega.
A modo de conclusión, don Carlos Bordallo, la persona
que ha estudiado a fondo la personalidad de nuestra ilustre paisana, llega
decir de ella que "estamos ante una de las más notables escritoras del
siglo XIX español, de tanto más valor cuanto que además se
trata de una monja de clausura, de salud frágil y con grandes limitaciones
a la hora de dedicarse a las labores periodísticas. Serena
y apasionada, miope y clarividente, mística y poeta, mujer, española, escritora,
católica a carta cabal y monja trinitaria, espejo de una generación,
producto típico de la tierra patria".
D. Jesús García Cuesta.
Sacerdote adscrito a la Parroquia
de Méntrida.
Académico Correspondiente de la Real Academia de
Bellas Artes y Ciencias Históricas
de Toledo.
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| Queremos felicitar a Don Jesús por su
nuevo e interesante trabajo de investigación, y agradecerle su colaboración
con este espacio nuevamente. |
Colaboraciones y sugerencias:
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